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Glosario
5. Patriarcado

Esta palabra significa «gobierno del padre» (Oxford English Dictionary)

Contribuye a corregir la idea de que el patriarcado es una institución que ha beneficiado a todos los hombres. Hazlo por tres motivos:

1. En cualquier momento de la historia , solo un pequeño grupo de hombres han sido patriarcas, y han gobernado sobre los hombres además de sobre las mujeres.

2. El patriarcado es una herramienta que se utiliza para separar a los hombres de sus sentimientos y emociones, y encerrarlos en un mundo exclusivamente racional.

3. El patriarcado sostiene una definición negativa de la masculinidad contra la que deberían luchar todos los hombres.

Desarrollo

1. Uno de los mitos feministas más persistentes es que el patriarcado era algo que los hombres hacían a las mujeres. No es cierto. El patriarcado era y es algo que los hombres poderosos hacen a todo el mundo, hombres y mujeres, a quienes puedan manipular. «Patriarcado» es un término derivado del feminismo. La mayoría de la gente cree que sabe lo que es, pero como tantas otras palabras populares, esta se suele entender equivocadamente y rara vez se define. Y eso, a los hombres conscientes de sí mismos que necesitan dominar la idea que hay detrás de la palabra, no les basta.

El patriarcado quiere decir «gobierno del padre», y sirve como recordatorio de que no todos los hombres pueden ser «padres» del resto. Ciertos hombres tienen más poder que otros. Los que tienen poder son los que gobiernan. Las feministas no suelen admitir que la estructura y la psicología sociales que se desarrollaron a partir del patriarcado, y que después lo sostuvieron, eran perjudiciales para la mayoría de los hombres, y sólo eran beneficiosos para unos pocos. Pero para hombres como tú y como yo, ese es un dato importante.

Los «patriarcas» fueron los «padres» del primer período cristiano, entre el año 100 y el 600 A. C. Jerónimo, Ambrosio, Agustín y Gregorio fueron las figuras principales. Agustín, nacido en Italia y después obispo del norte de África, fue especialmente importante en el establecimiento del paradigma de superioridad masculina (que ya estaba bien establecido en las religiones más antiguas, por supuesto, y no es algo original del cristianismo). Agustín pensaba que Adán y Eva podrían haberse reproducido sin sexo. Podrían haber utilizado su voluntad para hacer existir a su descendencia y «la semilla podría haber entrado en el seno sin perjuicio de la integridad de la mujer». Un «acto de voluntad», en vez de un «deseo lujurioso» podría haberse ocupado de la reproducción humana. El deseo de Eva por la manzana señaló el triunfo del «deseo lujurioso», tras el cual ya no se pudo volver a un mundo perfecto gobernado por la voluntad armoniosa [ 1 ]. Otros estudiosos han desarrollado esta idea.

El patriarcado, en sus inicios, consistía en el gobierno de profesores varones. Después, se convirtió en un término derivado que no designaba el gobierno de profesores varones, sino de todos los hombres. Desde hace poco se ha especificado su significado. Los hombres de minorías no son considerados patriarcas. En la blogosfera, el patriarcado y el «privilegio masculino blanco» son sinónimos. Teniendo en cuenta la composición del liderazgo religioso en ciertas tradiciones cristianas importantes, muy populares entre las minorías, esta idea no es coherente, pero tampoco sorprende.

2. El patriarcado es una herramienta que oprime al hombre. Está basada en el concepto de la mente sobre el cuerpo; asocia al hombre con la mente, y utiliza ese vínculo para dar a entender que el hombre no puede ni debe ser emocional. La mente sobre el cuerpo es el mismo paradigma que se oculta tras el concepto del hombre sobre la mujer. Ese paradigma es el núcleo del patriarcado. Los patriarcas asocian la razón con el hombre. La razón tenía que gobernar sobre la pasión: por lo tanto, los hombres tenían que gobernar sobre las mujeres. Los hombres que gobernaban debían ser razonables. Solo entonces el mundo podría luchar por alcanzar la armonía de la voluntad humana y divina, definida por el Paraíso perdido. Igual que la razón gobierna sobre la pasión, el hombre gobierna sobre la mujer. El gobierno de los hombres, determinado de esa manera, era perjudicial para la mujer. También lo era para la mayoría de los hombres, porque les negaba el acceso a los sentimientos, a las emociones y a todo lo que se asocia con el cuerpo en contraste con la mente.

El análisis del patriarcado más acertado es del sociólogo británico Victor J. Seidler. Considera que el patriarcado conduce a «una pérdida de calidad en la experiencia vivida del hombre». El discurso de racionalidad (la razón es la que gobierna y el objetivo es la moderación) aislaba a los hombres de sus experiencias corporales. El discurso de la razón también les enseñó (y a las mujeres también) que los hombres no debían tener emociones ni debilidades. Los hombres se volvieron impersonales y universalizados. Su relación con «el yo y la individualidad» y con sus propias experiencias particulares (sus pasiones, sus emociones) fue descartada por su rol de «voz neutral de la razón». Como dice Seidler, los hombres se volvieron invisibles a sí mismos. Me viene a la cabeza mi padre, que parecía no tener vida emocional, sino que existía para mantener el orden, sellas las disputas, organizar el trabajo y ocuparse de nuestras necesidades.

3. El patriarcado sostiene una definición negativa de la masculinidad. El patriarcado subordina el cuerpo a la mente y promueve el miedo al cuerpo. El patriarcado explica cómo la masculinidad se convirtió en una identidad negativa. La masculinidad, para Seidler, se convirtió «en una identidad esencialmente negativa, que se aprendía definiéndola en oposición a la emocionalidad y la conexión».[ 2 ] La masculinidad vista de esa manera, como algo reprimido y embalsamado, es un producto del patriarcado y del discurso de razón que hay tras él.

Hoy en día, como apuntan Robert Moore y Douglas Gillette, «algunas feministas concluyen que la masculinidad, en esencia, es abusiva». Son las mismas personas que opinan que «la conexión con “eros” (con el amor, la afinidad y la delicadeza) proviene únicamente del lado femenino…». Pero añaden que «el patriarcado no es la expresión de la masculinidad profunda y fundamental», la cual no es abusiva. Al contrario: el patriarcado representa «la inmadurez masculina», y supone «un ataque a la masculinidad absoluta, al igual que a la feminidad absoluta». Los patriarcas «buscan dominar no solo a la mujer, sino también al hombre. El patriarcado se basa en el miedo… el miedo a la mujer, por supuesto, pero también al hombre». En otras palabras, el patriarcado estructura las relaciones del hombre con el resto de hombres, no solo con las mujeres.[ 3 ]

En las estructuras patriarcales, los hombres dominan a otros hombres, como se puede ver en muchos grupos sociales masculinos, ya sean los gays, los hispanos o la clase trabajadora. La minoría real está compuesta por los pocos hombres que tienen poder sobre hombres y mujeres por igual: los patriarcas.

El gobierno de los hombres que apoyan el patriarcado perjudica tanto al hombre como a la mujer. Supone la subordinación de las mujeres, lo cual es evidentemente injusto. Pero también supone la subordinación de la mayoría de los hombres. La racionalidad empoderó a algunos hombres, no a todos. La racionalidad produjo esa «pérdida de calidad de la experiencia vivida» de los hombres de la que habla Seidler. Si el patriarcado fuese una pleamar, no elevaría todos los barcos: dejaría atrás a las mujeres y a la mayor parte de los hombres. Esto sucedió porque, en los sistemas patriarcales, los hombres tenían que desactivar sus emociones, y cualquier señal de debilidad. Es importante recordar que ni tú ni yo, ni nuestros padres ni abuelos, ni bisabuelos, fuimos parte de la victoria de los patriarcas. El patriarcado fue y ha sido beneficioso para algunos hombres, pero no para la mayoría. Nosotros también somos sus víctimas. Pagamos un alto precio por el poder que el patriarcado da a algunos hombres, aunque las feministas consideren que nos ha beneficiado a todos.

Hoy en día, incluso determinados hombres que escriben sobre los hombres no consiguen identificar a la mayoría masculina que, como la mayoría femenina, estaba sujeta al poder de los patriarcas. El masculinismo existe para ayudarnos a visibilizar a esos hombres ante sí mismos y ante todo el mundo, independientemente de que nos quieran ver o no.

Notas

1. S. Agustín, La ciudad de Dios, libro 14, cap. 26.
2. Victor J. Seidler, Rediscovering Masculinity, p. 7.
3. Robert Moore y Douglas Gillette, King, Warrior, Magician, Lover: Rediscovering the Archetypes of the Mature Masculine, p. xvii.

Índice
1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

8-24-15
6-20-16