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Glosario
1. Feminismo obligatorio

Obligatorio: “forzoso, obligado, impuesto, imperativo, involuntario" (Oxford English Dictionary)

El feminismo se ha vuelto obligatorio. Cualquier otra forma de verlo se queda pequeña. Hoy en día estamos obligados a ver el mundo a través de los ojos de la mujer. La posibilidad de enseñar Literatura, Historia, Religión o Política de alguna otra manera se ha desvanecido del mundo académico.

Muchos feministas modernos, hombres incluidos, son hostiles al hombre. Consideremos un libro reciente y muy admirado, titulado Guerra y género, que ganó el premio al «libro de la década» de la International Studies Association. Su autor, Joshua S. Goldstein, definía el feminismo y el masculinismo en los siguientes términos:

«Masculinismo (ista)» se refiere a una ideología que justifica, promueve o defiende la dominación masculina. El feminismo (mi preferencia ideológica) se opone a la superioridad masculina, y promueve los intereses de la mujer y la igualdad de género. [ 1 ]
Dice «preferencia», pero hace que cualquier otra opción parezca inaceptable e injusta. Fíjate en que el masculinismo se ve aquí como algo completamente opresivo, mientras que el feminismo no es solo una actitud de oposición (dedicada a derrocar la tiranía del orden masculino) sino que también promueve, de manera admirable, los «intereses» de la mujer y la «igualdad de género». «Mi preferencia ideológica… promueve la igualdad», dice Goldstein, con una autoaprobación más propia de la alta política. En realidad, su preferencia ideológica estigmatiza al hombre. ¿Cómo va a promover la igualdad?

La posición de Goldstein también promueve la superioridad de la mujer. Como muchas feministas de hoy en día, este hombre define los propósitos de los hombres como algo negativo, y equipara a la mujer con la igualdad. La mujer es mejor que el hombre. Lo que ella quiere es bueno para todo el mundo (al menos en apariencia); lo que quiere el hombre solo es bueno para sí mismo.

O eso querría el autor que pensáramos, porque es lo que él, y millones de feministas como él, creen que es cierto. Las opciones son «feminista» o «malo».

A eso es a lo que llamo feminismo obligatorio. Si eres hombre y no eres feminista, eres malo. Eres irracional. Defiendes la opresión. Eres el enemigo de la gente racional que defiende la justicia. Debes ver el mundo a través de los ojos de la mujer, no de los tuyos. No se permite ningún otro punto de vista.

A continuación se presentan tres formas respetuosas y eficaces de resistir el feminismo obligatorio; cada uno de ellos se desarrolla más adelante.

1. Afirma que eres masculinista y que promueves los intereses del hombre y la igualdad de género.

2. Oponte a las declaraciones de superioridad de cualquiera de los sexos. La «igualdad de género» no es algo que represente adecuadamente los objetivos del feminismo moderno. Desafía la idea, que hoy en día está ganando peso (con las obras de Melvin Konner y otros), de que la mujer es, lisa y llanamente, mejor que el hombre.

3. Conoce la pésima condición del hombre en ámbitos clave como la sanidad pública, las prestaciones sociales y la educación.

Antiguamente, los hombres les decían a las mujeres que fuesen razonables. Hoy en día, las mujeres exigen a los hombres que sean feministas. No hemos avanzado. Cuanto más sepas sobre la masculinidad, más fácil te será resistir la condescendencia y la presión de los feministas actuales, como Goldstein. A continuación se presenta el desarrollo de los 3 puntos anteriores.

1. Masculinismo

Masculinismo es una palabra que los hombres necesitan acostumbrarse a utilizar en sentido positivo, no en el sentido negativo con el que la utiliza Goldstein. Rollo Tomassi hace referencia a la «masculinidad positiva» (puedes ver mis comentarios sobre este término). Sigue siendo una expresión problemática, pero representa un paso importante en la dirección correcta. La masculinidad no necesita calificativos, ni tampoco la feminidad. Esas palabras hacen referencia a lo que el hombre o la mujer hacen consigo mismos, no a una propiedad intrínseca que acompañe a la palabra. El objetivo del masculinismo y de los estudios de la masculinidad es mostrar que los hombres vivien en su cuerpo y en el presente, no solo en su cabeza y en el futuro. El feminismo moderno promueve el bienestar de la mujer; el masculinismo promueve el bienestar del hombre, que nunca ha estado tan atacado en los Estados Unidos como hoy en día. Vivimos en una cultura que demoniza y se burla de los hombres en la cultura popular, y a muchos los trata sin respeto en su lugar de trabajo.

2. ¿Qué es la «igualdad» de género?

La «igualdad de género» no es el objetivo. ¿Cómo se puede alcanzar la igualdad mediante nuevos desequilibrios entre los sexos, que sustituyen a los antiguos? La cultura de Goldstein (en sintonía con la cultura intelectual en general) exige que las mujeres sean más fuertes y más atrevidas, y que los hombres den un paso atrás, que se retiren en silencio y que devuelvan lo que se consideran beneficios inmerecidos de siglos de dominación masculina. El precio que la mayoría de los hombres tuvo que pagar para que unos pocos pudieran dominar (el precio de los hombres desechables, analizado sucintamente por Warren Farrell y Roy F. Baumeister) no entra en sus cálculos (ver Patriarcado y las reseñas literarias de sus obras).

Para Goldstein, el masculinismo y el feminismo no representan lo que es bueno para el hombre y para la mujer, respectivamente. El feminismo es bueno tanto para el hombre como para la mujer; el masculinismo es bueno para el hombre y malo para la mujer. Construye el masculinismo, y a los masculinistas, desde una perspectiva feminista universalizada, que no ve a los hombres como hombres, sino como patriarcas. No comprende que no todos los hombres son patriarcas. En vez de eso, universaliza el patriarcado y le da el nombre de masculinismo. Como muchos feministas modernos, Goldstein sitúa el patriarcado, una institución muy antigua, contra el feminismo, un movimiento moderno. Para su premisa es esencial la suposición sin fundamento de que el patriarcado es bueno para el hombre, y que habla en su nombre. Es falso. Algunos hombres feministas, como Victor J. Seidler, niegan que el patriarcado sea bueno para todos los hombres, una idea que hace falta repetir una y otra vez.

Es posible que la masculinidad sea, como dice R. W. Connell en un comentario sobre Seidler, «un aspecto de las estructuras y procesos sociales a gran escala», pero la «nueva sociología de la masculinidad» no depende de lo que Connell denomina «modelos deterministas». La premisa de las tan admiradas Masculinidades de Connell es que no todos los hombres son iguales. Por el contrario, los conocimientos etnográficos sobre los hombres alteran enormemente, e incluso invalidan, ideas fundamentales del «rol masculino», un conjunto de ideas sobre los hombres que mucha gente cree todavía que se «interiorizan y representan de forma pasiva», en vez de ser modificadas por la práctica social.[ 2 ] El «Patriarcado» es el conjunto de supuestos sobre la dominación masculina y la sumisión femenina que mejor define «el rol sexual masculino». Pero ese rol no es único. La masculinidad de taller se crea de forma distinta a la masculinidad de oficina, como señala Connell. Las prácticas sociales diferencian a un hombre de otro.

3. Los hombres pierden posiciones

El feminismo moderno ha conseguido crear una cultura popular y profesional que está dominada, totalmente o en gran parte, por la mujer. Se supone que tenemos que fingir que no es así, debido a que actualmente la mujer es minoría en el Tribunal supremo, la dirección de empresas y los niveles superiores del gobierno, por ejemplo.

Pero echemos un vistazo a lo que sucede allí donde se forman nuestros líderes. La matriculación femenina en algunas universidades es del 70%, y los programas de postgrado de todas las disciplinas son casi unánimemente femeninos. Los hombres presentan un índice de abandono de los estudios secundarios y terciarios más alto que las mujeres [2]. La consecuencia es que en los próximos años el profesorado será predominantemente femenino. El ámbito de la educación primaria y secundaria lleva años dominado por las mujeres.

Según el Centro Nacional de Estadísticas de Educación, el 61% de las mujeres finalizan estudios terciarios, frente al 56% de los hombres. En la educación secundaria, el índice de abandono escolar de la mujer ha bajado del 12% en 1990 al 6% en 2014, y ha ido descendiendo de forma continua. El índice masculino ha bajado del 12% en 1990 al 7% en 2014, pero sobrepasó el 12% y no bajó del 10% hasta 2006; el índice femenino bajó del 10% ya en 1997. Centro Nacional de Estadísticas de Educación; visto el 21 de julio de 2014.

Que no os intimiden para que aceptéis el feminismo obligatorio. En sus inicios, el feminismo fue una campaña de igualdad entre sexos, apoyada por las personas justas. Pero hace mucho que dejó de serlo. El feminismo de hoy no es lo que fue antaño. Echad un ojo a los libros de Farrell, Baumeister y Smith en el vínculo a las reseñas para obtener la información que necesitáis. Tampoco seáis matones de colegio, como las feministas furiosas que han venido a por mí. Dejad en evidencia la respuesta emocional y la falta de lógica de vuestros atacantes, ya sean hombres o mujeres, manteniéndoos tranquilos, centrados en los datos objetivos y respetuosos en todo lo que digáis.

Notas

1. Joshua S. Goldstein, War and Gender [«Guerra y Género»] (Cambridge: Cambridge University Press, 2001), p. 2.
2. R. W. Connell, Masculinities [«Masculinidades»], p. 39.

Índice

1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

2015 - 6-20-16