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Glosario
4. El feminismo moderno
    Traducción al alemán por cortesía de Oliver Hoffmann

Una confusa mezcla de victimismo y privilegio es la definición de gran parte de la retórica feminista moderna, que puede emplearse para intimidar, silenciar y explotar al hombre. Algunos están tan intimidados por el feminismo que les da miedo desarrollar una actitud crítica. El feminismo tiene un poder enorme. Los movimientos con tanto poder siempre deberían ser vistos con escepticismo y con cautela, sobre todo cuando su objetivo es quitarte derechos. Jack Donovan opina que el objetivo del feminismo es retirar a los hombres del poder, y que no consiste en compartir ese poder con ellos [1]. Recordemos que se pueden separar «feminismo» y «mujer», y que existen multitud de mujeres que se oponen al feminismo, aunque rara vez oigamos hablar de ellas.

Más adelante resumo un proceso de tres pasos para oponerse de manera educada, firme e informada a la propaganda feminista. Los hombres que cuestionan el feminismo no tienen un modelo que seguir. Nuestro punto de vista no aparece reflejado en los medios. La niebla del feminismo WAW (Women are Wonderful, la mujer es maravillosa) que bombean los medios y los políticos está pensada para ocultar cómo la subida al poder de la mujer es a expensas del hombre. La propaganda mantiene a los hombres en la oscuridad, o al menos en tinieblas, y también a la defensiva. Las feministas quieren que demos un paso atrás y sujetemos la puerta para que puedan entrar y comerse nuestro bocadillo. Eso es lo que está pasando.

Hoy en día, el hombre vive dentro de una espesa bruma de propaganda antimasculina, acompañada por injusticias en materia de derechos reproductivos, custodia y muchos otros ámbitos descritos por Roy F. Baumeister. El capítulo sobre la explotación del hombre en el sexo y en el matrimonio, de su libro ¿Hay algo bueno en los hombres?, resulta impactante. ¿Lo habéis leído? A la gente le enfurece que mencione siquiera un libro tan bien considerado y objetivo. Así funciona el feminismo moderno: oculta las verdades desagradables.

Muchos hombres no saben cómo enfrentarse a él, y algunos ni siquiera se dan cuenta de que están inmersos en él. A muchos les han lavado el cerebro para que piensen que las mujeres son una minoría explotada y en desventaja, y que se merecen un respiro. Estos mismos hombres se han tragado la analogía barata que hace el feminismo entre los derechos de la mujer y los derechos civiles (ver enlace sobre esta analogía). También creen que es tarea del hombre (su lugar, su deber, su responsabilidad) averiguar qué quieren las mujeres y dárselo. Es lo que Rollo Tomassi denomina «imperativo femenino», que quiere decir que las preferencias siempre deben favorecer a la mujer: sus necesidades y su supervivencia pesan más que las necesidades y la supervivencia del hombre. El equivalente al «imperativo femenino» es el «hombre desechable».

Otros hombres están algo enfadados, un poco hartos. Saben que no creen en el feminismo, pero les da miedo desafiarlo y quedar como unos neandertales.

Puede que esos hombres no sean feministas ni se consideren tales, pero a medida que atraviesan la bruma de políticas y polémicas de la mujer, sienten que deberían serlo. Piensan que el feminismo es bueno para todos, y quieren ser buenos con las mujeres. Vivir en tal confusión es el precio que el hombre paga por la aceptación y la aprobación femenina. Son dos objetivos que muchos hombres heterosexuales desean y anhelan, porque los hombres quieren tener relaciones sexuales, y saben que una mujer que se sienta idolatrada tiene más posibilidades de otorgarle sus favores sexuales.

Mi objetivo en este ensayo RP es ayudarte a despejar la niebla de la propaganda feminista. Agárrate los huevos (GYB) y sé el hombre que quieres ser, sin mirar por encima del hombro para ver si a ella le parece bien. Los hombres inmeresos en esta niebla retórica tienen la pastilla azul (BP). Una vez eliges la pastilla roja (RP), vas camino de la salida de esa niebla.

Sigue estos tres pasos.

Paso Desarrollo

1. Sé independiente

No te sientas obligado a ser feminista. No hace falta serlo para ser un buen hombre. Como todos los movimientos obligatorios, el feminismo puede ser resistido por personas inteligentes. Gran parte del feminismo moderno no tiene nada que ver con la justicia, en comparación con los avances esenciales de la primera etapa del feminismo (los hombres votaron para otorgar el voto a la mujer, por ejemplo). Hoy en día se ha convertido en una excusa para la injusticia, como han demostrado Helen Smith, Warren Farrell, Roy F. Baumeister y muchos otros, en libros que, en algunos casos, tienen más de 20 años. Su punto de vista (de él o de ella) es este: o bien eres feminista o eres un machista paleto, una especie de cavernícola, un misógino. En todo momento, mantén buen humor y equilibrio. Demuestra que eres un hombre reflexivo y bien informado, al que le importa la justicia para el hombre además de para la mujer; un hombre al que le importan los hombres como seres humanos.

2. Mantente informado.

Al hablar, diferencia entre datos y juicios, y basa tus debates con feministas en datos. Los datos son hechos. Los juicios son opiniones. Algunos ejemplos:

«Mi mujer se puso a discutir»: juicio (parece que intentas culparla a ella). «Mi mujer y yo discutimos»: un dato, un hecho (os peleasteis o no). «La película duró dos horas»: un dato. «La película era aburrida»: un juicio. Si te aburrió, di: «La película me aburrió». No es un dato sobre la película, sino sobre ti.

No hagas juicios hasta haber compartido los datos en los que te basas. No generalices. No empieces una frase con «las mujeres son» o «los hombres son», porque es probable que lo que venga después sea una generalización y, por lo tanto, un juicio. «Las mujeres» o «los hombres» no son categorías significativas, porque ni todas las mujeres ni todos los hombres son iguales. «Gay» no es una categoría significativa, porque no todos los gays son iguales. Sé específico y básate en los datos. Pregúntale en que se basa su opinión. ¿Es por algo que ha oído decir, o sencillamente sabe que es verdad? Si es esto último, no nos vale.

3. Sé disciplinado.

Limítate a los hechos. Para ello, tienes que conocer a la perfección los datos sobre la situación de los hombres en el mundo moderno. Léelos y recuérdalos. Tienes que saber en qué estado se encuentran los hombres. Por ejemplo, es verdad que el 5% de las personas con más éxito son en su mayoría hombres. Sin embargo, también es cierto que el 5% de las personas con menos éxito, las personas con un rendimiento ínfimo crónico, son hombres. Las feministas hablan sobre el techo de cristal. Tu misión es hablarles del sótano de cristal que desconocen. Puedes aprender mucho de tres libros, todos reseñados en la sección de bibliografía de esta página:

Roy F. Baumeister, Is There Anything Good About Men? (2010). Para el sótano de cristal y el «patrón masculino extremo», consulta las páginas 32-34. Warren Farrell, The Myth of Male Power (1993). Consulta sobre todo «Las profesiones letales» y los párrafos relativos, páginas 106-119 [2]. También es muy valioso, aunque menos conocido, Tim Goldich, Loving Men, Respecting Women: The Future of Gender Politics (2011).

No hace falta que leas los libros por completo. Apuesto a que los primeros capítulos te bastarán para empezar, y no hace falta más. Si en algún momento un feminista te desafía («Eso no es verdad» o «No me lo creo»), comprueba sus credenciales. Pregúntale qué ha leído al respecto. ¿Tiene una información distinta o es una corazonada o una reacción a un punto de vista o un dato que no había escuchado antes? Lo más probable que es que no posean datos. Sigue presionando.

A medida que desarrolles tus argumentos, recuerda que el 90-95%% de los trabajadores que mueren o sufren lesiones en su trabajo son hombres, sobre todo casados, que aceptan trabajos peligrosos porque están bien pagados. Las profesiones en las que no entran las mujeres también son las peligrosas. Si las mujeres pilotan aviones, presiden empresas de éxito, hacen cumplir la ley y son rangers del ejército estadounidense, ¿por qué no se dedican también a la construcción, la minería, la recolección de residuos y otras profesiones?

Pregunta al feminista lo que opina del concepto del «hombre desechable». ¿Sabe cuántos hombres murieron en la construcción del canal de Panamá (25.000), o que se calcula que murieron cuatro veces más hombres en la construcción del ferrocarril de Panamá? (Goldich, p. 61; consultar el libro de Warren Farrell [en Reseñas, más arriba] para datos similares). Desde 2001, unas 6.700 personas han muerto en la guerra contra el terror; 161 eran mujeres. Alrededor del 2,5%. ¿Le parece a ese feminista que eso es una distribución justa del peso de la defensa del país? ¿El reparto equitativo (50/50) de las muertes en combate es un objetivo feminista? ¿Por qué no?

Recuérdale a tu amigo que se espera que los hombres mueran por las mujeres. Por ejemplo, se espera que los hombres cedan su lugar a las mujeres durante una emergencia. ¿Por qué? El índice de supervivencia de los hombres acaudalados en el Titanic (que se hundió en 1912) fue del 34%. El índice de supervivencia de las mujeres pobres fue del 46%. Algunos botes salvavidas abandonaron el barco teniendo asientos libres, porque los hombres no los querían. Los hombres que murieron, como dice Baumeister, «eran los patriarcas» (p. 163). La misma clase de hombre que votó para otorgar el voto a la mujer (¿o pensabais que las mujeres lo hicieron ellas solas?). ¿En ese barco, qué vidas valían más, y cuáles menos? El índice de supervivencia de las mujeres en general fue del 74%. Para los hombres fue del 16% [3].

Tu argumento es que los hombres siempre han sido sacrificables y desechables; siempre se ha esperado que diesen su vida y su felicidad por las mujeres. El feminista probablemente considere que todos los hombres son patriarcas (ver ensayo sobre el patriarcado), pero tú ya le has demostrado 1) que la mayoría de los hombres no son patriarcas, sino trabajadores, y 2) que las mujeres se han beneficiado de una vida más larga porque los hombres viven vidas más cortas. Es probable que el feminista quiera dejar la conversación en este punto, porque ha visto que tú estás provisto de datos, y él o ella no.

Si sigues los pasos 1, 2 y 3, habrás conseguido lo que querías. No tienes que «ganar» el debate, pero si has hecho lo correcto, puede que hayas colocado la sombra de una duda en la mente del feminista. También habrás demostrado que estás informado, que eres justo, agudo e independiente; en otras palabras, que eres un hombre masculino.

A medida que disipes la niebla de tu vida, recuerda que, al contrario que tú, a los feministas no les hace falta información; porque poseen la certeza moral que acompaña a la condición de minoría/víctima. Muchos han hecho por lo menos un curso de estudios de género, y han tenido mentoras que les guíen. Lleva años planeando su ataque. Tú todavía estás aprendiendo a defenderte. Ahora tienes una guía para contraatacar.

¿Y qué pasa con el sexo?

Ahora mismo estás pensando que, aunque hayas dicho lo que querías decir, ella te va a dejar. Lo dudo. Las páginas web sobre seducción más importantes (The Rational Male, por ejemplo) hacen hincapié en que los hombres fuertes y exitosos son más deseables que los débiles. En la política de género, los hombres débiles son feministas del tipo «mami, ¿puedo?» (ese término es de Donovan, pero hay otros igualmente poco varoniles, como «cariño, ¿puedo?») [4]. Los hombres débiles manifiestan ante las mujeres sus opiniones sobre el sexo y el género, buscando su aprobación.

Los tres pasos que he resumido más arriba demuestran que estás informado, que eres independiente y que tienes la confianza, disciplina y capacidad necesarias para argumentar bien. El objetivo no es que cambie de opinión. Tu objetivo es dejar claro el punto de vista de un hombre. Un hombre que piensa por sí mismo y sabe cosas es más masculino que un feminista adulador que tiene miedo de decir lo que piensa. Creo que ella se dará cuenta. El poder es sexy. La debilidad no lo es. GYB.

Como he demostrado en todas estas etapas, para ser un hombre fuerte no hace falta menospreciar a la mujer. Ningún hombre verdaderamente fuerte menosprecia a las mujeres, ni a los hombres. Es más probable que las personas inmersas en debates sobre género menosprecien a sus oponentes como personas, que que hagan argumentos racionales. Y eso es algo débil, no fuerte. Por eso, cuando GYB, es necesario que te muestres tranquilo, respetuoso y centrado en los hechos.

No hagas ningún comentario despectivo. No digas absolutamente nada sobre los hombres o las mujeres como categoría. Confía por completo en los datos, y recuérdale a tu amigo que lo estás haciendo. Cada dato que les des dice dos cosas: 1) contiene información; 2) demuestra que estás informado y que sabes lo que dices.

Puedes hacer los juicios que quieras, pero si los introduces en un debate con un feminista (que puede tener sus propios juicios preparados y listos para atacar) estarás en desventaja. Se anticipará a tus opiniones, dando por hecho que ya las conoce todas. Pero tu oponente no se va a anticipar a tus datos.

Si has conseguido llegar hasta aquí, no te hace falta más orientación. Ya habrás despejado la niebla de tu cabeza, y habrás dejado claro que estás en desacuerdo con el feminista porque sabes más de desigualdad de género que él, y que tienes un punto de vista alternativo, algo que seguramente no haya visto nunca. Como digo, en el feminismo obligatorio, las alternativas son «feminista» o «malo». Ahora, puedes encontrar otro camino: razonable, informado y seguro, y por lo tanto, apropiado para un hombre masculino.

NOTAS
1. Jack Donovan, A Sky without Eagles, p. 73.
2. Warren Farrell, Myth of Male Power, pp. 106, es la fuente para las siguientes cifras de 1993, y el Bureau of Labor Statistics para las cifras de 2014 (en este enlace). Las mujeres deberían celebrar sus tremendos avances, pero no me hago ilusiones.
Profesión % de hombres 1993 % mujeres 2014
Bombero 99% 4%
Industria maderera 99% 2,8%
construcción 99% 8,9%

Las mujeres representan alrededor del 50% del sector minorista; un 40% de la producción de alimentos; un 25% del transporte. Al consultar las tablas de minería y fabricación industrial, conviene recordar que una secretaria que trabaje para una empresa minera se incluye en las estadísticas de mujeres en «minería».
3. Roy F. Baumeister, Is There Anything Good, pp. 162-63, y la página web ICYouSee. Esta página tan útil muestra que los pasajeros de primera clase tuvieron un índice de supervivencia más alto que el resto de clases, pero desmiente su propia afirmación de que «”la primera clase primero” tuvo prioridad sobre el principio de “las mujeres y los niños primero”». Un simple vistazo a los datos basta para contradecir esa afirmación. El total de supervivientes en primera clase fue del 62%, y en tercera clase del 25%. Las mujeres en primera clase sobrevivieron en un 97%, y las mujeres en tercera clase, en un 37%. En todas las clases, sobrevivieron muchas más mujeres que hombres (los hombres en primera, 32% frente al 97% de las mujeres; los hombres en tercera, 13% frente al 49% de las mujeres). No dejéis de leer los intentos de darle la vuelta a los datos en las notas sobre «pasajero varón adulto» debajo de las tablas. Fijaos en la insinuación sin fundamento de que los hombres de hoy se comportarían de manera menos honorable que John Jacob Astor, George Widener y otros que prefirieron morir antes que vivir. Todavía se espera que los hombres mueran para que las mujeres puedan vivir. ¿Quién luchó en la guerra de Vietnam? La vida de la mujer vale más que la del hombre.
4. Donovan, A Sky without Eagles, p. 95.
5. Farrell, Myth of Male Power, p. 357.

Índice
1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

8-24-15
6-20-16