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3. Sé el hombre GYB

Agárrate los huevos. Un hombre que me guio durante parte de un rito de iniciación de un grupo masculino me dijo durante el ejercicio que mi padre, que llevaba tantos años muerto, tenía mis huevos. Lo desmentí, sintiendo rechazo ante la idea de mi padre tocándome, sobre todo en esa zona.

Mi nuevo hermano se rio: ¿acaso los muertos no ejercen influencia sobre nosotros? Al final de la iniciación, me dijo que ya estaba listo para agarrar mis propios huevos, y al día siguiente, cuando me vio, se agarró los suyos; una forma cómica de recordarme que, con su ayuda y con la de los demás hermanos, ya estaba en camino para convertirme en mi propio hombre.

A algunos lectores esta expresión les resulta vulgar y ofensiva. Lo siento. Está pensada para que te pares a pensar. Cualquier otra variante se queda corta. «Sé un hombre» es genérica y, por lo tanto, carece de sentido. Las mujeres también la utilizan, y se ríen de ella constantemente; como si cualquiera, hombre o mujer, pudiera «ser un hombre». Intenta decirles que un hombre puede «ser una mujer», o saber de alguna otra manera lo que supone ser una mujer. Ya veréis lo que pasa.

GYB acude a una de los pilares que hacen que un hombre sea un hombre. Como dice la gente en la blogosfera: acéptalo.

Cuanto más lo pensaba, ese gesto y esa expresión me parecían más convenientes como guía para la entereza masculina y el espíritu guerrero. El hombre GYB sabe que tiene un par. Sabe que necesita protegerlos, no solo del ataque de las mujeres o de otros hombres, sino también de su propia irresponsabilidad. Pero, ¿cuándo, dónde y cómo?

1. Eres GYB cuando das prioridad a tu hombría. Como hombre masculino, serás mejor padre, marido, pareja y compañero de trabajo.

2. Eres GYB cuando defiendes tu propia masculinidad y la de otros hombres cuando los feministas (hombres o mujeres) la menosprecien o la ridiculicen.

3. Eres GYB cuando dejas el sexo en segundo lugar. El sexo es el medio principal con el que las mujeres y determinados hombres manipulan al hombre. El hombre GYB sabe que el sexo es una función de su cuerpo y su personalidad, no el motor que mueve su vida.

Desarrollo

1. Los hombres que dan prioridad a las mujeres las colocan en el centro de su mundo. Tomassi asegura que es lo que las mujeres quieren. Un hombre que piensa en ellas no puede pensar en sí mismo ni en otros hombres. Un hombre así se relaciona con otros hombres a través de las mujeres. Parece incapaz de pensar sobre sí mismo sin las mujeres. Cuando habla sobre otros hombres, habla sobre cómo consiguen mujeres. Cuando envidia a otros hombres, lo que envidia es su éxito con las mujeres. Cuando compadece a otros hombres, lo que compadece es su incapacidad de conseguir mujeres.

Cualquier hombre que tenga una idea más vigorosa de la masculinidad que lo que hace con el pene se dará cuenta de que, si da prioridad al sexo, no se da prioridad a sí mismo. Aquí tenéis un buen consejo de The Rational Male:

En cualquier caso, y por el motivo que sea, la mujer debería ser únicamente un complemento en la vida del hombre, nunca su epicentro. Cuando vives para una mujer, te conviertes en ella.

Si eres gay o bisexual, sustituye «mujer» por «amante». Un gay puede enfocar su vida en otro hombre del mismo modo que un heterosexual centra su vida en una mujer. El sexo de la otra persona da igual (aunque si un gay tiene que seducir a otro, algo va mal). El problema es dar prioridad al sexo con otra persona antes que a ninguna otra cosa, sobre todo si se trata de tu hombría.

El problema es que si vives para una mujer (o para un hombre), te transformas en un hombre que no vive para sí mismo ni para sus intereses. Ese hombre jamás podrá ser la mejor versión de sí mismo. ¿Por qué? Porque la versión de sí mismo en la que piensa más a menudo es la versión que agrada a la otra persona. Eso no es hombría, es servidumbre.

Esta página no trata sobre lo que quieren las mujeres, y también deja de lado la idea de que «la mujer» es una categoría única con un único punto de vista. No está ni «a favor» ni «en contra» de la mujer (signifique lo que signifique eso); esta página es una crítica al feminismo moderno y a sus injusticias en materias tan importantes como los derechos reproductivos, entre otras. Si queréis detalles y descripciones descorazonadoras, consultad Purple Motes, y los libros de Helen Smith, Roy F. Baumeister y Warren Farrell (reseñas literarias, en la parte superior). Recuerda siempre que el respeto es la clave para atraer y mantener la atención del público.

2. Un hombre puede respetar un punto de vista feminista sin admitirlo. Responsabiliza al feminismo de sus abusos y excesos. Recuerda que no se puede dispensar la crítica ideológica que ha empleado contra el hombre y la masculinidad. Si las opiniones de esta página ofenden tu sentido de caballerosidad, tienes más problemas de los que crees.

Cuando he desafiado cualquier aspecto del feminismo, se me acusa de misoginia, «desagrado o menosprecio hacia la mujer». En cuanto escucho esa palabra, le pregunto a quien la pronuncia si conoce la palabra para denominar el «desagrado o menosprecio hacia el hombre». Nadie la ha sabido jamás. ¿Y tú?

La palabra es misandria, que el Oxford English Dictionary define como «odio al varón; odio hacia los hombres como sexo» (del griego mis, «persona que siente odio o desagrado», y andr, «hombre, varón»). Todo el mundo sabe que el hombre odia a la mujer. ¿Pero quién puede creer que ciertas mujeres odian a los hombres, o que existe una palabra para denominar este hecho? «Misandria» apareció en el idioma inglés 220 años más tarde que «misoginia», pero lleva existiendo desde 1885. ¿Por qué creéis que en 2016 nadie sabe lo que significa?

No desafíes al feminismo en general. Desafíalo en particular. Por ejemplo, aporta datos que demuestren la brecha cada vez mayor entre la felicidad y los logros del hombre y de la mujer. Haz siempre referencia a los datos. No generalices. Consulta los tres pasos para luchar y salir de la niebla de la retórica feminista.

Estamos en 2016. Es un mal momento para que los hombres se obsesionen con la conquista de mujeres cuando, como hombre, la lucha por conseguir las cosas más básicas (el éxito profesional y económico) es abrumadora, y su resultado es incierto. Numerosos estudios han documentado el dominio femenino en la vida pública y privada, y su creciente poder económico, superior al de los hombres. Si no eres consciente de ello, estás viendo el mundo con ojos feministas; es decir, estás viendo lo que la mujer quiere que veas. Sigues pensando que deben darse beneficios a las mujeres sobre los hombres. Sigues pensando como un patrón poderoso y magnánimo. Te equivocas. Le estás sujetando la puerta a la mujer que va a entrar y a comerse tu almuerzo. Eso es lo que quiere. Pero, ¿es lo que quieres tú? Si es así, estás viviendo en el mundo de la pastilla azul, y necesitas tomarte la roja. Es decir, necesitas despertar.

Como hombre masculino, no estoy pensando en las mujeres. Estoy pensando en los hombres. Me parece increíble que tantos hombres alaben el feminismo, incluso aunque ese mismo feminismo les esté destrozando y horadando la existencia. Me sorprende la cantidad de hombres que no ven las injusticias que sufren padres y maridos, o la explotación económica del hombre, o las tendencias educativas que garantizan que cada vez más ámbitos profesionales estarán dominados por las mujeres en un futuro cercano.

Si no eres consciente de estos hechos, te sugiero que leas algunos capítulos del libro de Roy F. Baumeister Is there Anything Good About Men? Y del libro de Helen Smith Men on Strike. Encontrarás reseñas de estos y otros contundentes libros (incluido el importantísimo The Myth of Male Power, de Warren Farrell) en el enlace de la derecha, además de un enlace a la página web de Smith.

3. Sobreponte al sexo. El siglo XXI es un buen momento para dejar el sexo como segunda o tercera prioridad. La mayor parte de la vida no se pasa en el bar, ni comiendo, ni en la cama. La mayor parte de la vida se pasa en el trabajo y en casa. El sexo etá sobrevalorado. Es bien sabido que los hombres poco varoniles e inferiores pueden tener una gran vida sexual. En la manosfera son conocidos como los chicos malos. Pero después viven en cuchitriles y tienen empleos malísimos. La mayor parte del tiempo son unos perdedores. Las mujeres se sienten atraidas por los chicos malos porque son divertidos, aunque solamente un tiempo. Tarde o temprano, los hombres que se mueven por el sexo terminan por ser descartados.

Es inevitable. Las mujeres se libran de los chicos malos y se casan bien. Se llama hipergamia, casar bien, y es una obsesión en la manosfera. Los hombres que se dedican a perseguir el sexo y a las mujeres creen que están ganando hasta ese momento. Cuando los abandonan, descubren la gran lección del feminismo: las mujeres eligen. Los hombres son elegidos.

Esos seductores viven con miedo a no ser elegidos, a no ser lo bastante buenos, lo bastante guays o lo bastante modernos. Eso es lo que ocurre cuando intentas convertirte en lo que desean las mujeres: no puede estar seguro de qué (o quién) eres hasta que ella decide decírtelo. Y, ¿qué es lo que te impulsa a entrar en este juego? El sexo.

Una vez, uno de los hombres de mi grupo masculino dijo que se sentía como un ratón en una jaula. Sentía que tenía que aceptar lo que su novia le pudiera dar (sexo, claro), y que la veía como una científica que lo observaba desde arriba, dándole descargas eléctricas en forma de mensajes de texto, para que se mantuviera alerta, para castigarlo, y a veces lo alimentaba con una pizca de cariño. A pesar de la dureza de esa imagen (que provocó tristes asentimientos de cabeza de todo el mundo), para ese hombre era ella la que mandaba, tanto para provocarle dolor como para darle placer. Ella evaluaba y él reaccionaba, agradeciendo el alimento o intentando comprender lo que había provocado aquella pequeña dosis de dolor o aquella recompensa. Un hombre así no tiene más seguridad que un ratón. Espera lo mejor y se teme lo peor. Este hombre sabía que aquella no era la mejor de las situaciones posibles, que podía aspirar a más. Y también lo sabían los demás hombres que se reconocían en esa aterradora analogía.

A los hombres que utilizan a las mujeres como vara de medir les preocupa que un día esas mismas mujeres ya no les den su aprobación, y por un buen motivo. Una vez que su valor en el mercado sexual (SMV) empieza a disminuir, las mujeres abandonan a los chicos malos y buscan hombres ricos y estables, con seguros, casas y coches bonitos y, en general, algo más que sexo y rebeldía. Una vez que tengan uno o dos hijos, el sexo se habrá terminado de todas formas. Y en cuanto a la rebeldía, “cariño, vamos a mirar pisos en multipropiedad en Sanibel Island”.

Los hombres masculinos tienen éxito porque se dan prioridad a sí mismos y a su éxito. Tienen éxito porque desean alcanzar la maestría, como dice Donovan. Compiten con otros hombres y demuestran que pueden dominar. Tienen empleos en los que pueden esforzarse y tener éxito. Si tienen suerte y son listos, conseguirán recompensas por sus esfuerzos, incluso en un mundo que parece decidido a favorecer a la mujer antes que al hombre. Con o sin sexo, son ganadores. Rollo Tomassi es uno de los muchos bloggers que sostienen que esos hombres no tienen que buscar mujeres, porque las mujeres irán hacia ellos. Estos hombres no se van a considerar ratones en una jaula. No están en una jaula. Ninguna otra persona, ni hombre ni mujer, tiene el mando a distancia de su felicidad y su identidad.

Pon el sexo en su lugar. Su importancia, ya seas gay o heterosexual, se exagera enormemente en muchos blogs. A largo plazo, la maestría de las habilidades básicas y el éxito financiero te traerán más beneficios, y ambas cosas requieren que te esfuerces al máximo a diario. Una buena relación sexual te da placer, un poco de autoestima y algo de lo que fanfarronear. Después, te toca volver a intentarlo de nuevo. No te va a hacer rico ni te va a ayudar a mejorar en tu trabajo. Es un camino que no lleva a ningún sitio.

Índice
1. Feminismo obligatorio

2. Definir la masculinidad

3. Sé el hombre GYB

4. El feminismo moderno

5. Patriarcado

6. Ritos de paso

7. ¿Derechos de quién?

8. Cuatro palabras que se utilizan para menospreciar a los hombres

8-24-15
6-22-16